BR106 - Chocolate - Peru's Master Percussionist (Perspective on Afro​-​Peruvian Music. The Collection)

by buh records

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about

(scroll down for english version)

Chocolate - Peru's Master Percussionist (Perspective on Afro-Peruvian Music. The Collection)

Julio “Chocolate” Algendones es uno de los percusionistas esenciales en la gran tradición de música afroperuana. “Peru’s Master Percussionist” recoge grabaciones realizadas en 1990 en Las Vegas, durante un viaje que el artista realizó como miembro de la agrupación Perujazz. El álbum fue producido por el inglés J. Blue Sheppard, y publicado en 1991 a través del sello neoyorquino Lyrichord. La edición incluyó también un tema grabado y publicado originalmente en Lima, en 1984. Esta reedición de Buh Records presenta los temas remasterizados y por primera vez en formato vinilo.
“Peru’s Master Percussionist” pone en relación el ritmo del festejo, de tradición afroperuana, con los polirritmos de los rituales de la santería de Haití y Cuba. Usando congas, kalimbas, semillas y cajón, Chocolate se embarca en un viaje hacia los sonidos originarios yourubas, de raíces africanas. El cajón (instrumento de percusión representativo de la cultura afroperuana) se incorpora a las hipnóticas repeticiones rítmicas que Chocolate genera, y que llaman al trance.
Hacia el final hace su aparición Perujazz con una descarga jazzística avant garde, en un momento culminante, para cerrar un círculo creativo y excepcional, que a la vez es el perfecto resumen de una trayectoria que llevó a Chocolate a moverse en el corazón de la cultura afroperuana y en los linderos de la vanguardia del jazz. Una obra maestra que presenta a Chocolate en la plenitud de sus virtudes como maestro percusionista, como músico que trascendió toda clasificación, que inspiró a muchos y cuyo impulso creativo ha encontrado lugar en una zona donde lo afroperuano, la santería y lo avant garde convergen.

“Peru’s Master Percussionist” inaugura además nuestra nueva colección “Perspectivas de la Música Afroperuana” que empezará a revelar algunos de los mejores secretos de los ritmos negros del Perú.


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CHOCOLATE
MAESTRO PERCUSIONISTA DEL PERÚ

Los esclavos africanos fueron traídos al Perú durante la Colonia, en el siglo XVI, para trabajar en las minas de oro y plata en las alturas de los Andes. Sin embargo, sus condiciones físicas no eran las adecuadas para sobrevivir en las alturas y cientos de ellos murieron. Sus capataces criollos o españoles (nacidos en Perú bajo descendencia española), los enviaron entonces cuesta abajo al desierto costeño, a trabajar en las grandes haciendas (tierras de cultivo privadas) donde el clima es más moderado.
Fue ahí, en sus pequeñas barracas de adobe, sobre pisos asentados de tierra, de patios llenos de animales y en campos de algodón y caña de azúcar, que la música, la canción y la danza afroperuana fueron gestadas. Jugaban en los campos y sus canciones servían para prevenir a los otros de la llegada de los “demonios blancos”, para hablar de la crueldad de los amos, de la libertad, así como también, de las alegrías de la vida cotidiana y sus amores.
Esta tradición aún se mantiene vigente a lo largo de la costa del Perú, especialmente en un valle pequeño a unos cientos de millas al sur de Lima, llamado Chincha, lugar predominantemente poblado por habitantes de raza negra, específicamente en el distrito sureño de El Carmen.
La música y danza afroperuana no estaba reservada solo para ser ejecutada por especialistas, sino que era parte de una conversación continua en matrimonios, bautismos, funerales y otras celebraciones o en cualquier reunión nocturna para improvisar, en las calles o en las salas de sus casas.
El origen religioso de esta música deriva de la santería de África, de la misma forma que influye sobre la forma ritual de la música del Caribe. El percusionista es visto como una suerte de chamán que llama o invoca a los espíritus, es un mediador entre el cielo y la tierra dado que los espíritus se expresan a través de sus ritmos.
El cajón es una especie de caja-tambor de madera, sobre el cual el instrumentista se sienta para tocarlo. Se piensa que se originó en Perú (a pesar de que los cubanos también lo reclaman como invención suya). El cajón tiene muchas voces. El cajonero lo hace hablar. Usualmente cuando los afroperuanos se reúnen a tocar, hay alguien tocando la quijada de burro y en la actualidad se incorpora hasta una guitarra como producto de la influencia criolla.
Estos instrumentos reflejan el origen humilde de la música afroperuana, una música en la cual solo se necesita el cuerpo y los objetos más cercanos para reproducir sonidos. Otro elemento extremadamente importante es el zapateo, una forma particular de baile que se danza con los pies descalzos. Todos se involucraban con esta música que iba hasta el amanecer, volviéndose una competencia intensa en la que cada participante intentaba vencer a otros a través de ritmos sutiles y complejos. Se convierte en una conversación entre los danzantes y el cajón a medida que se acercan al éxtasis hacia el final de la noche.
Existen además grupos de danza de hombres y mujeres de pies descalzos con ropa colorida, las mujeres en faldas muy cortas, los hombres en pantalones hasta la rodilla y camisas de algodón abiertas. Por ejemplo, el Alcatraz es una danza de cortejo donde el hombre y la mujer se mueven rítmicamente con un pequeño retazo de algodón amarrado a la cintura, mientras que unos a otros intentan prendérselo con una vela mientras bailan. Se incluyen además otras danzas como el pausado y sensual Toro Mata, la zamacueca con su patrón rítmico de pañuelos ondeantes, el lánguido landó y el alegre festejo.
Chocolate es el representante más fiel del cajón y de esta tradición de percusión ritual que pocas personas en Perú han mantenido viva en su forma más pura.
Él fue uno de los fundadores originales de la agrupación Perú Negro, la primera compañía de cantantes, bailarines y músicos afroperuanos en mostrar su tradición en escenarios fuera del Perú. Estaba formado por un talentoso grupo de jóvenes bailarines y músicos negros que se unieron con el fin de preservar y poner en valor su herencia. Chocolate tocó alrededor del mundo con otra agrupación de danza folclórica llamada Matalaché. Fue además percusionista de la agrupación de la reconocida cantautora Chabuca Granda. Actualmente es miembro de una nueva agrupación llamada Perujazz, la cual intenta unir la música afroperuana e indígena con el idioma contemporáneo del jazz. (Patricia Llosa, 1990)

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Chocolate nació como Julio Algendones en 1934 en Perú. Creció en una comunidad de humildes trabajadores agrícolas negros y fue llevado a cuestas por su madre mientras cosechaba algodón. Cuando creció y empezó a desarrollar su notable talento musical, ganaba lo suficiente para sobrevivir, producto de sus presentaciones en bares y clubes de Lima, aunque rodeado de una vida colorida y violenta en las calles de Lima. Chocolate se aferró a su música y a su sentir religioso profundo en la macumba y santería. Encontró tal poder en su alma que finalmente tomó forma en su música. Es este contexto del pasado de Chocolate lo que explica la profundidad de su sonido actual.
Chocolate empieza esta obra maestra de percusión con sofisticación y simplicidad. Esta pieza se titula “Un Niño en Tiempo”. Luego “Conga Forte, Rico Cajón” empieza demostrando la magnitud de las habilidades rítmicas de Chocolate. Posiblemente para la audiencia más sofisticada, este tema es uno de los viajes más maravillosos de ritmo y humor en percusión jamás registrado. El cajón se ha convertido en la marca de la música de Chocolate. Las congas están interconectadas con la riqueza del sonido del cajón en una odisea rítmica y elaborada.
“Añi Añi Manola” refleja el ancestro africano de Chocolate y su profundo instinto ceremonial y festivo. Aquellos que siguen sus pasos se reúnen en un poderoso ritual musical que teje la magia de Chocolate, en un tapiz único de sonido que es característico del género afroperuano.
Completa esta parte “Un Tych”, que es un final dramático y pirotécnico en el cual Chocolate es acompañado por los miembros de su revolucionaria agrupación musical Perujazz.
(J. Blue Sheppard, editado por Nick Fritsch, 1990)
J Blue Sheppard empezó a registrar música en Perú y otros países en 1972. Grabó y produjo este trabajo en 1990, además de otro gran disco titulado “Viracocha-Legendary Music of the Andes”.

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ENGLISH VERSION

Julio "Chocolate" Algendones is one of the essential percussionists in the great tradition of Afro-Peruvian music. "Peru's Master Percussionist" collects recordings made in 1990 in Las Vegas, during a trip that the artist made as a member of Peruvian jazz group Perujazz. The album was produced by the englishman J. Blue Sheppard, and published in 1991 by the New York-based label Lyrichord. It also included a track originally recorded and published in Lima, in 1984. This reissue of Buh Records presents the material in remastered form and, for the first time, in a vinyl edition.
"Peru's Master Percussionist" combines festejo rhythms, of Afro-Peruvian origin, with the polyrhythms of the Santeria rituals of Haiti and Cuba. Using congas, kalimbas, seeds and cajon, Chocolate embarks on a journey towards the original Yoruba sounds, of African roots. The cajon (a percussion instrument representative of Afro-Peruvian culture) is incorporated into the hypnotic, trance-inducing rhythmic repetitions that Chocolate generates.
Towards the end, Perujazz makes an appearance with a discharge of avant garde jazz, in a culminating moment, to close a creative and exceptional circle, which at the same time is the perfect summary of a career that led Chocolate to move in the heart of Afro-Peruvian culture and on the edges of the avant-garde jazz. A masterpiece that presents Chocolate in the fullness of his virtues as a master percussionist, as a musician who transcended all classification, who inspired many and whose creative impulse has found its place in an area where Afro-Peruvian culture, Santeria and the avant garde converge.
"Peru's Master Percussionist" also inaugurates “Perspectives on Afro-Peruvian Music. The Collection” which will begin to reveal some of the best-kept secrets of black rhythms of Peru. (Luis Alvarado)


CHOCOLATE
Peru’s Master Percussionist

African slaves were brought to the Spanish colony of Peru, in the 16th century, to work the gold and silver mines of the high Andes. However, their bodies were not well suited to survive in the high altitude and they died by the hundreds. Their Spanish or Criollo (born in Peru of Spanish decent) masters sent them down to work in the large haciendas (private farms), in the milder climate of the desert coast.
It was in their small adobe huts, on the packed dirt floors of the courtyards overrun with animals and in the fields of cotton and sugarcane that Afro-Peruvian music, song and dance were born. The slaves played in the fields, and their songs were a means to warn others of the arrival of the “white devils”, to talk of the cruelty of slave masters, of freedom, as well as of the joys of their everyday life and loves.
This tradition is still alive along the coast of Peru, especially in a small valley a few hundred miles south of Lima, named Chincha, which is predominantly populated by Peruvians of African descent, in the district of El Carmen.
Afro-Peruvian music and dances were not meant to be performed only by specialists, but were part of a continuing conversation in weddings, baptisms, funerals and other celebrations, or whenever a few Afro-Peruvians gathered together during the evening to jam, or on the streets or in their living rooms.
The religious origin of this music derives from African Santeria, which also pervades the ritual form of Caribbean music. The percussionist is seen as a sort of shaman who calls or evokes the spirits; he is a mediator between heaven and earth inasmuch as the spirits are expressed through his rhythms.
The cajon is a wooden box-drum in which the player sits in order to play it. It is thought to have originated in Peru (although the Cubans also claim it as their own). The cajon has many voices. The cajonero makes it talk. Usually when Afro-Peruvians get together to make music, there is someone rattling the quijada de burro (a donkey’s jaw), and nowadays the guitar is also often incorporated, showing the influence of criollo traditions.
These instruments reflect the fact that Afro-Peruvian music emerged in an impoverished milieu: it is a music for which all that is needed is your body and the nearest objects with which sound can be made. Another extremely important element is the zapateo, a peculiar form of tap-dancing that is performed with bare feet. Everyone was involved with this music, which used to go on throughout the evening, developing into an intense competition until daybreak, each participant trying to outperform the others with complex and subtle rhythms. It becomes a conversation between the dancers and the cajon as they work themselves into a late night ecstasy.
There are also dance troupes with both male and female members, all in bare feet and wearing colorful costumes, the women in very short skirts, the men in knee length pants and open cotton shirts. For example, the Alcatraz is a courtship dance where male and female dancers cavort rhythmically with a small piece of cotton attached to their waist, which each in turn tries to set fire to with a candle as they dance. Other dances include the slow and sensuous Toro Mata, the zamacueca with its rhythmical pattern of waving handkerchiefs, the langorous landó and the joyous festejo.
Chocolate is the most faithful representative of the cajon and this tradition of ritual drumming which very few people in Peru have maintained and kept alive in its purest form.
He was one of the original founders of Perú Negro, which was the first troupe of Afro-Peruvian singers, dancers and musicians to exhibit their tradition outside of Peru. It was composed of a talented group of young black dancers and musicians who came together in an effort to preserve and refine their heritage. Chocolate has also performed around the world with another folkloric dance group called Matalaché. He was the drummer of the touring group of the renowned Peruvian artist Chabuca Granda. He is also a member of a new group by the name of Perujazz, which attempts to marry Afro-Peruvian and indigenous music to a contemporary jazz idiom. (Patricia Llosa)

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Chocolate was born Julio Algendones in 1934 in Peru. He grew up in a community of poor black farm workers and was carried by his mother as she picked cotton. When he was older and had begun to develop his considerable musical talents, he earned enough money to survive by performing in bars and clubs, surrounded by the colorful and violent life of Lima's streets. Chocolate took hold of his music and his deeply religious path of Macumba and Santeria. He began to find a power in his soul that took form in his music. This reality of Chocolate’s past is what produces the real depth of his sound today.
Chocolate begins this master work of percussion with sophistication and simplicity. The piece is called “Un Niño en Tiempo”. Then, “Conga Forte, Rico Cajon” begins to demonstrate the magnitude of Chocolate’s rhythmic skills. Perhaps for the more sophisticated audience, this piece is one of the most wonderful journeys of rhythm and humor in percussion ever recorded. The cajon has become a trademark of Chocolate’s music. The congas are interlaced with the rich cajon sound in an elaborate and rhythmic odyssey.
“Añi Añi Manola” reflects Chocolate’s African ancestry and his deep instinct for ceremony and celebration. His followers in Peru gather in a powerful musical ritual which weaves Chocolate’s magic into a unique tapestry of sound that is characteristic of the Afro-Peruvian genre.
“Un Tych” closes this album with a dramatic and pyrotechnic finale in which Chocolate is assisted by members of his revolutionary musical group Perujazz. (J. Blue Sheppard, edited by Nick Fritsch)

J. Blue Sheppard began collecting music in Peru and other countries in 1972. He recorded and produced this work in 1990, as well as another great album called “Viracocha- Legendary Music of the Andes”.

credits

released March 20, 2019

SIDE A

01.- Un Niño en Tiempo (3:38)
Chocolate: cajon

02.- Conga Forte, Rico Cajon (14:26)
Chocolate: congas, cajon

SIDE B

01.- Añi-Añi Manola (15: 07)
Chocolate: congas, seeds
Makelah: kalimba
Manola: congas

02.- Un Tych (5:19)
Chocolate: congas, bongos, talking drum
Manongo Mujica: drums, bowed cymbal
Jean Pierre Magnet: saxophone
David Pinto: bass

First edition published by Lyrichord in 1991
Produced by J. Blue Sheppard
Special thanks to Michael Anander for engineering assistance. Vals for more engineering assistance. Joann Hilliard for logistic & sagacity; Manongo Mujica; drums & ancient friendship. David Pinto, bass & quietness; Jean-Pierre Magnet, saxophone & reassurance; Manola and Ani who Chocolate wishes to thank; and Makelah. And from Chocolate, thanks to time - we look forward to introducing her again.
Digital Mastering: Digital SoundWorks, New York City

Second edition published by Buh Records, 2019

Executive Producer: Manongo Mujica
Project coordination by Marlene Miyashiro and Luis Alvarado
Mastered by Juan José Salazar at Sonic Animal
Cover and Design by Yerko Zlatar

"Añi Añi Manola" was recorded at Estudio Elías Ponce, in Lima and appeared for the first time in "Canto Eleegua" (1984, self-released)


Perspectives on Afro-Peruvian Music. The Collection

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Buh Records is an independent label and research platform based in Lima, Peru, focused in experimental music and new sounds. Run by Luis Alvarado.

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