Lo que no existe, existe: Registros de una saga post punk en el Perú (1986​-​1990) {Essential Sounds collection}

by Salón Dadá, Col Corazón

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about

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Salón Dadá y Col Corazón fueron dos bandas lideradas por Támira Bassallo y Jaime de Lama, activos entre 1986 y 1990. Surgieron en Lima, en el contexto del movimiento de hardcore punk conocido como rock subterráneo. Se distinguieron por su experimentación sonora y sus estructuras de canciones no convencionales, que los llevaba de la estridencia del noise rock al uso de sonoridades andinas. En tal sentido, supieron asimilar el espíritu innovador del post punk y se constituyeron como la saga más representativa de dicho sonido en el Perú. Y aunque no dejaron grabaciones oficiales, el culto entorno a ellos se ha ido incrementando con el tiempo.

“Lo que no existe, existe - Salón Dadá/Col Corazón: Registros de una saga post punk en el Perú (1986-1990)” compila una serie de grabaciones provenientes de diversas fuentes, entre ensayos y tomas en vivo, presentados por primera vez en formato vinilo, con amplia documentación visual, y extensas liner notes contando la historia del grupo. Este lanzamiento nos permite acercarnos al sonido y universo de la que fue una de las agrupaciones más queridas, respetadas e innovadoras del rock subterráneo. Uno de los secretos mejores guardados de la escena peruana.

Este proyecto forma de la colección Sonidos Esenciales, con la que Buh Records da a conocer una serie de obras fundamentales de la vanguardia musical en el Perú.

Este proyecto es ganador de los Estímulos económicos para al Cultura 2018 del Ministerio de Cultura del Perú.

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English Version

SALÓN DADÁ/COL CORAZÓN: Lo que no existe, existe: Registros de una saga post punk en el Perú (1986-1990) LP

Salón Dadá and Col Corazón were two bands led by Támira Bassallo and Jaime de Lama, active between 1986 and 1990. They emerged in Lima, in the context of the hardcore punk movement known as rock subterráneo. They distinguished themselves by their sound experimentation and their unconventional song structures, which led them from the stridency of noise rock to the use of Andean sonorities. In this sense, they were able to assimilate the innovative spirit of post punk and became the most representative saga of this sound in Peru. And although they did not leave official recordings, the cult around them has been increasing over time.

“What does not exist, exists - Salón Dadá / Col Corazón: Documents of a post punk saga in Peru (1986-1990)” compiles a series of recordings from various sources, including rehearsals and live takes, presented for the first time in vinyl format, with substantial visual documentation, and extensive liner notes telling the story of the group. This release allows us to approach the sound and universe of what was one of the most beloved, respected and innovative groups of rock subterráneo. One of the best kept secrets of the Peruvian scene.

This project is part of the Essential Sounds collection, with which Buh Records presents a series of fundamental works of the Peruvian musical avant-garde.

This project is recipient of the Economic Stimuli for Culture 2018 of the Ministry of Culture of Peru

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SALÓN DADÁ/COL CORAZÓN: Lo que no existe, existe: Registros de una saga post punk en el Perú (1986-1990) LP

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Durante un concierto en el teatro La Cabaña, en abril de 1987, el trío integrado por Támira, Jaime y Hoover, pidieron al también joven artista plástico Jaime Higa, pinte el símbolo de la ecuación de Zoran, para ser usado como fondo durante su presentación. Dicho símbolo, que asemejaba a una clave de sol, lo había tomado Támira de una novela de ciencia ficción llamada La noche de los tiempos, que había encontrado en la biblioteca de su madre. La ecuación de Zoran significaba “Lo que no existe, existe” y en la historia de la novela, es un secreto muy preciado que los hombres buscan ya que podía hacer surgir de la nada, algo.
Del mismo modo Salón Dadá emprendió también su propio camino en busca de aquello que los hiciera surgir en medio de la oscuridad y de prácticamente todo en contra. Quisieron trascender con el sonido hacia otros estados, transformar la rabia de una época en una música que a veces parecía sacada de un sueño.
Lima era entonces una ciudad convulsionada por la crisis económica y el entorno violentista producto de la guerra entre grupos terroristas y militares. En medio de ese conflicto estalló un movimiento juvenil conocido como Rock Subterráneo, que con un lenguaje crudo y desencantado asimiló los postulados del punk y el DIY. Un puñado de bandas empezó a darse a conocer a través de maquetas y fanzines. Para 1985 los subterráneos, o subtes, ya habían articulado una escena con bandas icónicas como Narcosis, Leuzemia, Zcuela Cerrada, Guerrilla Urbana y Autopsia, como respuesta a una movida rockera local que se había reducido a cantar covers en inglés. Los subtes aparecieron cantando en castellano canciones propias que expresaban anarquía. Tras ese primer momento vino una consecuente propagación y muchas nuevas bandas se dieron a conocer: Delirios Krónicos, Voz Propia, Eutanasia, SdM, Psicosis, Empujón Brutal, T de cobre, Eructo Maldonado entre muchas otras, diversificando el sonido subterráneo hacia otras vertientes. Salón Dadá halló un lugar en esa diversidad. Pero su sonido era raro en el conjunto, pues si bien se iniciaron en el lenguaje del rock, fueron rápidamente expandiéndose estéticamente. Para muchos fueron una de las bandas más originales y creativas del período, y aunque no dejaron grabaciones oficiales, el mito entorno a ellos no ha hecho más que crecer.
La historia de Salón Dadá se remonta a 1985 cuando Támira Bassallo, quien cursaba quinto año de secundaria, conoció a Juan Huamán Sihuas, alias Hoover, un estudiante de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Támira, hija de Telma Rossi, la reconocida psicóloga que por entonces conducía un sintonizado programa en la radio de noticias RPP, recibía constantemente a madres de familia con sus hijos, para atenderse en el consultorio ubicado en su propia casa, en el distrito de Bellavista, en el Callao. Fue durante esas visitas, entre 1983 y 1984, que Támira hizo amistad con unos jóvenes Alfredo Márquez, Jorge “Cocó” Revilla y Mónika Contreras. Alfredo, estudiante de arquitectura e integrante del colectivo Bestiario, fue quien les contó a Telma y Támira sobre el naciente rock subterráneo y al poco tiempo ellas empezaron a asistir a los conciertos y a elaborar sus propios fanzines, entre ellos uno llamado Contagio. Muchas veces Támira iba sola. Un buen día hizo amistad con Paco Kerouac, quien por entonces había montado un puesto de casetes y libros en las escalinatas de la Universidad Villarreal, en la Av. Colmena, a la que había llamado La Nave de los Prófugos, donde Támira terminó tomando empleo y por unos meses cuidó el puesto dos o tres horas al día. Fue allí que se familiarizó más con el mundo del rock subterráneo e hizo amistad con Iván Zurriburri, Daniel F, Nico Eutanasia, Kike Excomulgado y Hoover. Con los dos últimos formarían Excomulgados, una banda hardcore punk donde Támira se inició con la guitarra eléctrica. Poco tiempo después acompañaría, esta vez en el bajo, a Patricia Roncal, más conocida como Maria T-ta, siendo una de las pocas presencias femeninas en una escena como la del rock subterráneo esencialmente masculina.
Támira, Hoover y Monika empezaron a reunirse para ensayar algunas canciones que Támira había compuesto, dando inicio a la formación que Hoover bautizó como Salón Dadá. Un 26 de setiembre de 1986 dieron su primer concierto en Magia, emblemático lugar de conciertos subtes, dejando mudo a un público conformado básicamente por hombres, que se había mostrado intimidante. Aquella vez Monika tocó una guitarra electroacústica de los años 60s, que Támira había conseguido prestada de su tío y cuyo sonido acompañaría toda la trayectoria del grupo. Mónika, una fan de The Cure, había estudiado guitarra clásica y tocaba sin usar uña, dándole un sello particular a las canciones. Aquello cambió cuando en su reemplazo entró Jaime de Lama, un amigo de Cocó, que venía de tocar batería en Zcuela Cerrada. Ambos querían armar un proyecto musical, y Cocó pensó en sumar a su amiga Támira. Pero todo quedó en conversaciones y finalmente, tras la salida de Mónika, Jaime se convirtió en el guitarrista definitivo de Salón Dadá. Cocó, un estudiante de la Universidad de Lima, que se distinguía entre los subterráneos por su desenfadado look andrógino, se había vuelto un inseparable y entusiasta fan de la banda. Con esa formación de Jaime, Támira y Hoover registrarían un ensayo de cuatro temas a fines de 1986, que con el tiempo empezó a circular como una maqueta no oficial, y donde la guitarra de Jaime llevaba un efecto de flanger en vez de la clásica combinación de chorus y distortion empleada por el grupo y que le había dado su sonido característico. Porque si algo ofrecía Salón Dadá era una performance muy estridente, había muchos feedbacks y con el tiempo Támira también agregaría un super overdrive al bajo.
Las canciones registradas fueron “Parte 7”, “Parte 4”, “Clavicordio sin fin” y “Virginia”. Las dos primeras eran musicalizaciones de fragmentos del poema “Mutatis Mutandis”, de Jorge Eduardo Eielson y la última estaba inspirada en un indigente que vivía en una fábrica abandonada cerca de casa de Támira y que había escrito en la pared: “te fregaste Enriqueta has encontrado una crema suicida”.
“Queríamos que la voz esté al mismo nivel que los instrumentos, queríamos crear un ambiente. Pasa mucho en el rock que la voz está encima porque quieren que se entienda la letra, nosotros teníamos letras también pero no teníamos esto de querer dar un mensaje, más bien, tú entiende lo que puedas. Lo habíamos hablado. Queríamos que el bajo y la guitarra estén al mismo nivel, porque normalmente el bajo no se escucha” recuerda Támira, describiendo un aspecto que marcaría el estilo de la banda, y que lograron sacar adelante a pesar de la precariedad de los equipos de sonido con los que solían realizarse los conciertos de rock subterráneo. Salón Dadá optó por una música introspectiva y experimental, una asombrosa sofisticación que los ponía en sintonía de las exploraciones del post punk. El sonido de la banda se había definido completamente en ambiciosas canciones como “Marlene” y “Los Bosques”, que ampliaban el espectro del rock hacia zonas no exploradas en el ámbito local, y donde convivía ruido y melodía, reposo y estridencia. Estaban en un camino de vanguardia.
Jaime y Cocó solían traer muchas novedades musicales y se enfrascaban en debates interminables sobre sus grupos favoritos. Entre las bandas que tenían de cabecera se encontraba Cocteau Twins, grupo con el que se ha asociado mucho a Salón Dada. Támira más bien sentía que la literatura era su gran fuente de inspiración. Jorge Eduardo Eielson en particular, sería una figura muy influyente. Támira recuerda haber ido con Cocó y Susana Torres (quien luego se integraría a la banda), a la III Bienal de Trujillo en donde Eielson haría una exposición de su obra visual. “Yo me acerqué y le dije que era su fan, él me sonrió. Fue como ver a Dios”, recuerda.
Se inspiraron también en José María Arguedas para componer la canción “Sisinina”. Allí adaptaron el cuento “La agonía de Rasu-Ñiti” que hablaba sobre un danzante de tijeras, una danza tradicional de la sierra, que les gustaba mucho. Ese año de 1987, la Universidad Católica publicó “Música Andina del Perú” un álbum doble que presentaba registros etnográficos tradicionales andinos y que fue toda una revelación, en particular para Jaime quien incorporó sonoridades andinas en la guitarra.
De Antonin Artaud nació la canción “Lista Ele” que tenía esos sonidos de guitarras arabescas que tanto gustaban a Jaime, la voz de Támira emitía palabras incomprensibles pero musicales. Ella recuerda haber descubierto a Artaud por un programa de radio, donde escuchó un fragmento de la grabación de “Para terminar con el juicio de Dios”, donde la declamación se vuelve solo sonidos viscerales. Aquello despertó su curiosidad por conocer más del escritor francés. Ya en un libro suyo de poemas encontró unas palabras “Pri Ur Fan Tish”, que dieron título a una de las composiciones más complejas del grupo, que se distinguía por sus arreglos de cello, ejecutados por Susana Zavala, la guitarra ondulante, disonante e hipnótica de Jaime y la voz de Támira que se elevaba hacia otros mundos. Para cuando presentaron “Pri Ur Fan Tish” en un recordado concierto en la No Helden en 1988, el grupo ya se había convertido en Col Corazón. Cambiaron de nombre tras la salida de Hoover, aunque el repertorio siguió siendo el mismo. Fueron entrando y saliendo diversos bateristas: Marisela Young Rabines, Pelo Madueño y Rodolfo Cortegana, este último sería con quien harían más conciertos.
El punto de encuentro aquel año era la Universidad Mayor de San Marcos. Jaime se había inscrito en la Facultad de Comunicaciones mientras que Cocó, Támira y Susana Torres en Historia del arte. Susana se integró a la banda y apoyaba como performer, corista y en percusiones diversas. La amistad entre ellos se hizo sólida durante los días universitarios. Cocó había intentado también armar algunos proyectos musicales (entre ellos uno con Pedro Santillana). “Por esa época, 1986-87, había decidido ser un "freelance performer", y me subía a los escenarios de imprevisto en cualquier evento subterráneo. Recuerdo especialmente mis intervenciones en el teatro «Cocolido» y el teatro «La Cabaña», totalmente enajenado por mi propia locura: gritaba, berreaba como un animal, me rompía la ropa y lanzaba manifiestos absurdos, sobre ruido caótico de guitarras. Era mi manera de expresar mi diferencia” recordaría años más tarde Cocó, quien dejaría Lima en 1989 y se mudaría primero a Italia y luego a España donde finalmente se encontraría con Mario Mendoza en 1991.
Col Corazón siguió adelante con un sonido cada vez más complejo, como lo demuestran canciones como “Ram Ram” o “Debral”, esta última incorporaba unos siniestros teclados y se alejaba del formato rock. Presentarían su repertorio completo de una hora, en un concierto en La Casona de Barranco el 30 de julio de 1990, quizá el concierto más largo que hiciera algún grupo subte, un set de 13 canciones (con intermedio). Y aunque ya parecían listos para entrar a grabar, decidieron que aún no era el momento. La ambición era grande, las ideas fluían pero los recursos para grabar eran pocos. Aquel sería su último concierto.
Ese mismo año habían sido invitados por Gustavo Buntinx a realizar una performance como parte de la muestra “Restauración No Restauración”, la idea era trabajar con el poema de José María Arguedas “Katatay”, para lo cual Jaime compuso una canción tomando la base del poema en quechua. Salieron a escena vestidos con plásticos negros y rojos. Rodo tocaba una tinya, mientras que Susana grafiteaba el poema con pintura roja, sobre una de las paredes.
Apenas si bordeaban los 20 años cuando el sueño de la banda se disipó. “Las diferencias eran notorias, a pesar que estábamos en el mismo paquete del rock subterráneo, yo sentía que no, no teníamos un espacio para desarrollar la música. Me llegué a comprar el prospecto del conservatorio para estudiar canto, pero seguí en San Marcos. La universidad era un caos, no se dictaban cursos, un año llevé sólo dos cursos, los profesores tenían que llevar a los alumnos a su casa, había mucho apagón, estaban los terroristas, era muy difícil estudiar, yo estaba muy saturada de San Marcos”, recuerda Támira, quien devolvería la guitarra a su tío unos años después.
El hastío de una época se hizo sentir en toda una generación porque el año 90 marcó el declive de lo que había sido el rock subterráneo. Los integrantes de Col Corazón reaparecerían después en otras destacadas facetas: Hoover como cajonero de bandas de música criolla, Jaime dedicado al mundo del audiovisual, Susana convertida en artista plástica y Támira como curadora de arte. La semilla dejada traería frutos, y sería Cocó Revilla el encargado de continuar con lo aprendido. Ya instalado en España junto con Mario Mendoza formarían Silvania, siguiendo la estela dejada por Salón Dadá y Col Corazón. “Solineide” era el nombre de la letra de una canción escrita por Támira, que fue empleada por Silvania para una canción de su primer EP Miel Nube Hiel de 1992. “Flor de agua infinita”, otra canción incluida en su debut en largo En cielo de océano de 1993, estaría dedicada a Támira y Susana, rindiendo tributo así a un período vivido intensamente por un grupo de amigos, subterráneos entre los subterráneos, y cuyo legado ha sobrevivido al tiempo como un destello, fugaz y transformador.

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English Version

SALÓN DADÁ / COL CORAZÓN

WHAT DOES NOT EXIST, EXISTS: DOCUMENTS OF A POST PUNK SAGA IN PERU (1986-1990)

During a concert at the Teatro La Cabaña, in April 1987, the trio made up of Támira, Jaime and Hoover asked the young visual artist Jaime Higa to paint the symbol of Zoran’s equation, for them to use it as a background during their performance. The symbol, which resembles a treble clef, was taken by Támira from a science fiction novel called La noche de los tiempos, which she had found in her mother's library. Zoran's equation meant: "what does not exist, exists", and in the novel’s story, it is a very precious secret that men seek as it could make something out of nothing.
In the same way, Salón Dadá also undertook their own path in search of what could lead them to emerge in the midst of darkness and with practically everything against them. They wanted to transcend with sound to other states, to transform the rage of an era into music that sometimes seemed like something out of a dream.
Lima was then a city convulsed by the economic crisis and the violent environment resulting from the war between terrorist and military groups. In the middle of that conflict a youth movement known as rock subterráneo [underground rock] broke out. With a crude and disenchanted language, it assimilated the postulates of punk and DIY. A handful of bands began to be known through maquetas [demos published in cassette format] and fanzines. By 1985, the subterráneos, or subtes, had already articulated a scene with iconic bands such as Narcosis, Leuzemia, Zcuela Cerrada, Guerrilla Urbana and Autopsia, in response to a local rock movement that had been reduced to singing covers in English. The subtes performed their own songs, which expressed anarchy, in Spanish. After that first moment there was a later propagation and many new bands became known: Delirios Krónicos, Voz Propia, Eutanasia, SdM, Psicosis, Empujón Brutal, T de cobre, Eructo Maldonado, among many others, diversifying the subterráneo sound toward other musical genres. Salón Dadá found a place in that diversity. But its sound was distinct, because although they began in the language of rock, they quickly expanded aesthetically. For many, they were one of the most original and creative bands of the period, and although they left no official recordings, the myth around them has only grown.
The history of Salón Dada dates back to 1985, when Támira Bassallo, who was then in the fifth year of high school, met Juan Huamán Sihuas, a.k.a. Hoover, a student at the Escuela Nacional de Bellas Artes. Támira, the daughter of Telma Rossi, a renowned psychologist who at the time was conducting a popular program on the RPP news radio, constantly received mothers with their children, who attended the office located in their own home, in the district of Bellavista, in Callao. It was during these visits, between 1983 and 1984, that Támira made friends with the young Alfredo Márquez, Jorge “Cocó” Revilla and Mónika Contreras. Alfredo, an architecture student and member of the Bestiario collective, was the one who told Telma and Támira about the nascent underground rock scene, and soon they began to attend concerts and produce their own fanzines, including one called Contagio. Many times Támira went to the concerts alone. One day, she made friends with Paco Kerouac, who at that time had set up a stall of cassettes and books on the steps of the Universidad Villarreal, on the Avenida Colmena, which he had called La nave de los prófugos, where Támira ended up being employed for a few months, working for two or three hours a day. It was there that she became more familiar with the world of rock subterráneo and made friends with Iván Zurriburri, Daniel F, Nico Eutanasia, Kike Excomulgado and Hoover. She would form the band Excomulgados with the last two, a hardcore punk act where Támira began playing the electric guitar. A short time later she started accompanying, this time on bass, Patricia Roncal, better known as Maria T-ta, one of the few female presences in the essentially male Peruvian underground rock scene.
Támira, Hoover and Mónika began meeting to rehearse some songs that Támira had composed, thereby inaugurating the band that Hoover baptized as Salón Dadá. On September 26, 1986, they gave their first concert at Magia, an emblematic venue of underground concerts, impressing a crowd basically made up of men, who had been intimidating at first. This time Mónika played an electroacoustic guitar from the 60s, which Támira had borrowed from her uncle and whose sound would accompany the entire trajectory of the group. Mónika, a fan of The Cure, had studied classical guitar and played the instrument without using a plectrum, which gave a particular imprint to the songs. That changed when Jaime de Lama, a friend of Cocó who used to play drums in Zcuela Cerrada, entered the band as her replacement. They both wanted to put together a musical project, and Cocó thought about adding his friend Támira. That failed to materialize and finally, after Mónika's departure, Jaime became the definitive guitarist of Salón Dada. Cocó, a student at the Universidad de Lima who distinguished himself among the subterráneos by his casual androgynous look, had become an inseparable and enthusiastic fan of the band. This formation of Jaime, Támira and Hoover would go on to record a demo of four songs at the end of 1986, which eventually began to circulate as an unofficial maqueta, and where Jaime's guitar had a flanger effect instead of the classic combination of chorus and distortion used by the group and that had given it its characteristic sound. Because if Salón Dadá had something to offer it was a very raucous performance, there were many feedbacks and Támira would eventually also add a super overdrive to the bass.
The songs recorded were “Parte 7”, “Parte 4”, “Clavicordio sin fin” and “Virginia”. The first two were musical settings of fragments of the poem “Mutatis Mutandis” by Jorge Eduardo Eielson, and the last one was inspired by a homeless man who lived in an abandoned factory near Támira's house and who had written on the wall: "You are screwed Enriqueta, you have found a suicide cream.”
“We wanted the voice to be at the same volume level as the instruments, we wanted to create an atmosphere. It happens a lot in rock that the voice is on top of everything because they want the lyrics to be understood. We had lyrics too, but we didn't want to give a message. Rather, you understand what you can. We talked about it. We wanted the bass and the guitar to be at the same level, because normally the bass is not very audible,” recalls Támira, describing an effect that would become a trademark of the band’s style, and that they managed to achieve despite the precariousness of the sound equipment that was used in underground rock concerts. Salón Dadá opted for an introspective and experimental music, an amazing sophistication that put them in tune with the explorations of post punk. The band’s sound had been completely defined in ambitious songs such as "Marlene" and "Los Bosques,” which extended the spectrum of rock to areas not explored in the local scene, and where noise and melody, silence and stridency coexisted. They were on an avant-garde path.
Jaime and Cocó used to bring many musical novelties and engaged in endless debates about their favorite bands. Among them was Cocteau Twins, an act with which Salón Dadá has been associated by many listeners. Tamára rather felt that literature was her great source of inspiration. Jorge Eduardo Eielson, in particular, was a very influential figure. Támira remembers visiting with Cocó and Susana Torres (who would later join the band) the third Trujillo Biennial, where Eielson exhibited his visual work. “I went over and told him I was his fan, he smiled at me. It was like seeing God,” she remembers.
They were also inspired by José María Arguedas to compose the song “Sisinina”. It is an adaptation of the short story “La agonía de Rasu-Ñiti,” whose subject is a scissor dancer [danzante de tijeras], a performer of a traditional dance of the mountains, which they liked very much. That year of 1987, the Universidad Católica published "Andean Music of Peru", a double album that presented traditional Andean ethnographic recordings and that was a revelation, particularly for Jaime who incorporated Andean sonorities into his guitar playing.
The song “Lista Ele” was inspired by Antonin Artaud and features the arab guitar sounds that Jaime liked so much, while Támira's voice emits incomprehensible, although musical words. She remembers discovering Artaud through a radio program, where she heard a fragment of the recording of To Have Done With The Judgment Of God, where the recitation turns into visceral sounds only. That aroused her curiosity to learn more about the work of the French writer. It was in a collection of his poems where she found the words "Pri Ur Fan Tish", which gave title to one of the most complex compositions of the group, distinguished by its cello arrangements performed by Susana Zavala, the undulating, dissonant and hypnotic sound of Jaime’s guitar, and the voice of Támira rising to other worlds. By the time they presented “Pri Ur Fan Tish” at a memorable concert at the No Helden discotheque in 1988, the group had already become Col Corazón. They changed their name after Hoover's departure, although the repertoire remained the same. There were several drummers entering and leaving the band: Marisela Young Rabines, Pelo Madueño and Rodolfo Cortegana, the latter with whom they would go on to perform several more concerts.
The meeting place that year was the Universidad Mayor de San Marcos. Jaime had enrolled in the Faculty of Communications while Cocó, Támira and Susana Torres in Art History. Susana joined the band and became a performer and backing vocalist, and played various percussion instruments as well. The friendship between them solidified during university days. Cocó had also tried to put together some musical projects (including one with Pedro Santillana). “By that time, 1986-87, I had decided to be a freelance performer, and used to take the stage unexpectedly at any underground event. I especially remember my interventions in the Teatro Cocolido and the Teatro La Cabaña, totally alienated by my own madness: I screamed, bellowed like an animal, tear my clothes and shouted absurd manifests about chaotic guitar noise. It was my way of expressing my difference,” Cocó remembered years later. He left Lima in 1989 and moved first to Italy and then to Spain, where he would finally meet Mario Mendoza in 1991.
Col Corazón moved on with an increasingly complex sound, as evidenced by songs like “Ram Ram” or “Debral”, the latter incorporating sinister keyboards and moving away from the rock song format. They finally presented their full repertoire of one hour at a concert in La Casona de Barranco on July 30, 1990, perhaps the longest concert a subte group ever made, a set of 13 songs (with an intermission). And although they seemed ready to record, they decided that it was not yet time. The ambition was great, the ideas flowed but the resources to record were few. That would turn out to be their last concert.
That same year they were invited by Gustavo Buntinx to present a performance as part of the exhibition “Restauración No Restauración”. The idea was to work with the poem by José María Arguedas “Katatay,” for which Jaime composed a song taking as a basis the Quechua poem. They came on stage dressed with black and red pieces of plastic. Rodolfo played a tinya [a traditional Andean percussion instrument], while Susana wrote down the poem with red paint on one of the walls.
They were barely 20 years old when the band's dream dissipated. “The differences were notorious, although we were in the same rock subterráneo package, I felt that no, we didn't have a space to develop the music. I got to buy the prospectus of the conservatory to study singing, but I stayed in San Marcos. The university was a mess, no courses were taught, one year I took only two courses, the teachers had to take the students home, there were a lot of blackout, the terrorists were there, it was very difficult to study, I was very saturated with San Marcos,” remembers Támira, who would return the guitar to her uncle a few years later.
The weariness of an era was felt throughout a generation because the year 1990 marked the decline of what had been the scene of Peruvian underground rock. The members of Col Corazón would reappear later in other outstanding facets: Hoover as a cajonero of bands of música criolla, Jaime dedicated to the field of audiovisuals, Susana turned into a contemporary artist and Támira as an art curator. The seed left would bring fruits, and Cocó Revilla would be in charge of continuing with what was learned. Once he was installed in Spain, he formed Silvania together with Mario Mendoza, following the trail left by Salón Dada and Col Corazón. “Solineide”, the name of a song written by Támira, was used by Silvania as the title of a song from their first EP Miel nube hiel of 1992. “Flor de infinita agua”, another song included in their long play debut “En cielo de océano” of 1993, was dedicated to Támira and Susana, paying tribute to a period lived intensely by a group of friends, subterráneos among the subterráneos, and whose legacy has survived time as a sparkle, fleeting and transformative. (Luis Alvarado)

credits

released November 28, 2019

LADO A
01 Salón Dadá - Lista Ele (Live, 1987) (4:14)
02 Col Corazón - Marlene (Live at Magia, 1988) (3:04)
03 Col Corazón - Doce Pupilas (Live, 1987) (2:10)
04 Col Corazón - Los Bosques (Live at Magia, 1988) (3:38)
05 Col Corazón - Pri Ur Fan Tish (Live at Peña Helden, 1988) (6:45)

LADO B
01 Col Corazón – Sisinina (Live at La Casona, 1990) (7:59)
02 Salón Dadá – Clavicordio sin fin (Live, 1987) (3:15)
03 Salón Dadá – Mutatis Mutandis (Parte 4) (Live, 1987) (2:18)
04 Col Corazón - Ram Ram (Live at La Casona, 1990) (6:49)



Este proyecto es ganador de los Estímulos económicos a la Cultura 2018 del Ministerio de Cultura del Perú
This project is recipient of the Economic Stimuli for Culture 2018 of Peru's Ministry of Culture

Salón Dadá: Támira Bassallo (bass, voice), Juan Huamán aka Hoover (drums), Jaime de Lama (guitar, voice).
Col Corazón: Támira Bassallo (bass, voice), Jaime de Lama (guitar, voice), Susana Torres (performance, minor percussion, chorus), Marisela Young (drums), Rodolfo Cortegana (drums).

A1, A2, A5 Music and Lyrics by Támira Bassallo
A3, B4 Music and Lyrics by Jaime de Lama
A4, A5, B2, B3 Music by Támira Bassallo, Arrangement by Jaime de Lama
A5 Cello by Susana Zavala
B1 Music and Arrangement by Jaime de Lama. Lyric by Támira Bassallo (Adaptation of the story "The Agony of Rasu Ñiti" by José María Arguedas)
A5 based on a poem by Antonin Artaud
B3 Lyric is a poem by Jorge Eduardo Eielson
A5 Cello byy Susana Zavala
A2, A4 digitalized by Jorge Luján
A1, B2, B3, B2 Digitalized by Dante Gonzales at Paraíso del Silicio
A5, B2, B3, Recorded and digitalized by Iván Esquivel

Concept and liner notes by Luis Alvarado
Artwork by Bto Prieto
Cover photos by Pepe Malatesta
Mastered By Juan José Salazar at Sonic Animal
Proofreading by Alonso Almenara
Acknowledgments: Támira Bassallo, Alberto Candia, Antena Horrísona, Marco Gélido, Oswaldo La Torre, Jorge Villacorta.


This album is part of the Essentials Sounds Collection, a rescue project of several fundamental works of Peruvian Avantgarde Music.

BR116LP
buhrecords.bandcamp.com
unautobus@gmail.com
Octubre 2019 / Lima - Perú

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Buh Records is an independent label based in Lima, Peru, focused in experimental music and new sounds. Run by Luis Alvarado.

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